Una derecha viciada
El pensamiento político de derecha nació viciado en Cuba, atosigado por complejos y por la sombra de una revolución frustrada. Su primer y más relevante intento de organización aconteció en 1905, tras el relativo fracaso del gobierno de Tomás Estrada Palma, en tiempos de regencia de Charles E. Magoon. El hecho en sí fue la fundación del Partido Conservador Nacional, presunto reservorio de las ideas liberales de la revolución norteamericana y de la abogacía por un pequeño gobierno que respetara las libertades individuales.
Siempre me he preguntado qué habría sido de la inexperta república si una derecha responsable y creíble, no cobarde y retraída, hubiera alternado el poder con las múltiples organizaciones de izquierda que se apoderaron del dominio político nacional, sobre todo tras la caída del dictador Machado. Quizás nunca se habrían implementado estas medidas colectivistas que hoy tanto conocemos y lamentamos. Esto sólo es especulación y no otra cosa.
¿Pero qué cosa esperar de un partido fundado por Enrique José Varona, Rafael Montoro y José Antonio González Lanuza? ¿Acaso eran verdaderos ideólogos de una derecha real y consistente? Por supuesto que no. La influencia de la revolución americana, como en muchas otras partes, pesó menos que Rousseau.
Lo más notable de aquellos conservadores fue que lograron amalgamar entre sus filas a relevantes libertarios con notables autonomistas, sin importar la presión de los veteranos de la guerra, que para aquel entonces dictaban de cierta forma el carácter ideológico y social de la república toddler. Fue un acto de valentía. Así lo creo.
Enrique José Varona, destacadísimo intelectual criollo, aún catalogado por muchos historiadores como representante fiel del pensamiento de derecha de la isla, no fue más que un ensayista muy proclive a la izquierda y a la centralización estatal. Varona coqueteaba sin pudor (¡ahí están sus escritos!) con ese populismo latinoamericano que enarbola la “compasión social” como bandera de propaganda. Compasión social, de más está decirlo, que ha traído más desgracias al subcontinente que bondades. De hecho, pienso que Enrique José Varona fue uno de los ideólogos más importantes de la revolución del 30, acontecimiento que marcaría el tenebroso futuro que ya hoy es realidad.
Rafael Montoro fue el más notable de los autonomistas del siglo XIX, pero a diferencia de lo que muchos piensan, haber sido autonomista no lo convertía automáticamente en un ideólogo de derechas. Montoro estaba influenciado en su formación epistemológica por pensadores como Hegel y Kant. Sí, Montoro era de hecho deudor del pre materialismo marxista y consuetudinario admirador de la revolución francesa.
A González Lanuza la historiografía “revolucionaria” le atribuye la denominación de conservador como un pequeño acto de revancha, gracias sobre todo al hecho de que el eminente jurista se opuso con denuedo durante el gobierno de José Miguel Gómez a la fundación de un partido por parte de los negros. Pero olvida que aquel acontecimiento fue casi huérfano de alguna ideología y que no clasifica como “denominador” de posiciones. Hacia 1912 Lanuza equiparaba ya a liberales y conservadores como una misma cosa. Su “Nada hay más semejante a un liberal que un conservador”, aparte de ser una realidad criolla, eliminaba fronteras ideológicas y la creencia de que un espíritu de derecha existía como ente comprobable y real.
¿Hasta qué punto esa “derecha” cubana esgrimió conceptos libertarios propios de su ideología? ¿Hasta dónde garantizó los derechos individuales en el marco de un gobierno limitado? Es fácil constatar como a lo largo de la república todas las organizaciones que se nucleaban en torno a una presunta ideología de derechas prefirieron garantizar “liberación” en vez de “libertad”, facilitando la resolución de problemáticas sociales en aras (como advertía Hannah Arendt) de una ilusoria (y mentirosa) felicidad colectivista.
Aún se necesita de una completa revisión de nuestra historia. Es hecho imprescindible, inevitable, si no se quieren repetir los errores del pasado y del presente. Una nueva derecha (así como una nueva izquierda) son necesarias para esa futura Cuba. Ojala que sepamos colocarlas en el adecuado contexto.
* ‘Plumilla de Enrique J. Varona’ .
























































































El animo de animar un debate sobre el revisionismo historico de Cuba no es nuevo. Desde terminada la guerra de independencia del siglo XIX fue punto fijo en discuciones de historiadores y pedagogos de diversa indole. Es que el cubano es inconformista y exagerado. Ahora si creo que es una buena ocasion para comenzar a cimentar las bases de un revisionismo serio y abarcador que termine ayudando a barrer con la falsa historia construida a partir de enero de 1959.
Camilo, entonces a publicar libros, a tener corresponsales en importantes diarios, a sacar pagimas en Internet. Que es lo que se necesita realmente para eso? Es una espuesta que queda flotando en el aire.
Dicen que Fidel Castro se murio en horas de la noche de ayer, Febrero 14, curiosamente da de los enamorados. Es lo que se esta comentando en la Habana. A ver si pueden averiguar algo.
El partido comunista debiera de segregarse obligatoriamente durante los primeros comicios de una Cuba democrática, para impedir que los deudores de su ideología puedan llegar al poder nuevamente, esta vez por la vía de las urnas. El PCC debiera de ser proscrito. Hay veces que la democracia, que el libre ejercicio de la expresión popular, debe de sufrir para poder construirse un futuro mejor y más seguro. Eso es lo que opino. Saludos.
Lo que dices es cierto, pero tienes que ir aun mas lejos. En los anos 50 mataron a miles de hungaros por las calles de Budapest y centenares de obreros alemanes por las calles del Berlin Oriental y fue precisamente despues de esas matanzas que el pueblo cubano aplaudio al comunismo y digo el pueblo cubano por que cuando alguien empieza con eso de que Castro era tan brillante y tan carismatico lo unico que eso me demuestra es que el pueblo cubano quiso ser esclavo..
En cualquier otro pais algo parecido al cordon de la Habana o la zafra de los diez milliones hubiera terminado en un holocausto como en la China de Mao o la Union Sovietica de Stalin. No es que no hubo miles de ejecuciones en Cuba y mas presos y condenados a trabajos forzados de que puedo imaginar pero nunca a llegado a los genocidios halucinatorios de otros paises que han sufrido el comunismo y eso te ensena que el pueblo cubano en el peor sentido de la palabra haparticipado con cobardia o colaboracion. Cuales han sido al nivel popular los grandes enfrentamientos? Un punado de jovenes que llevan puestas sus manillas de “cambio”?
Soy el primero en admitir que yo no tendria el valor de enfrentar al gobierno directamente si yo vivera en Cuba pero lo que si les puedo asegurar es que yo me hubiera suicidado hace tiempo, no creo que vale la pena vivir tanta humillaciones cotidianas, y aplaudo a las mujeres cubanas que abortan, reproducir en Cuba hoy dia es cruel, quizas hasta mas cruel que participar en un acto de repudio.
Brillante, sobre todo la manera en que centras la debilidad de la “derecha” cubana desde los mismos inicios de la republica. Aunque yo preferiria abarcar desde antes, desde el partido moderado de Estrada Palma, tambien evidentemente de “derecha”, pero mas prosaico que ideologico. Eso falto en Cuba siempre, una ideologia capaz de sostener proyectos politicos.
Otra cosa muy buena es eso de republica toddler. Nunca habia oido el termino y me parece muy simpatico.
Un caluroso abrazo.
Coincido plenamente con Camilo en que la historia –o historias porque hay y siempre habrá varias contradictorias– de Cuba requiere un replanteo a la luz del sentido común. Pues casi todas adolecen de un fuerte exceso utópico, mesiánico, de grandioso destino manifiesto. Demasiado para la chiva, como diría Liborio.
El pecado original de nuestros relatos históricos es de origen pensinsular, y tiene su meollo en el viejo rencor de nuestras élites hacia la cultura anglosajona, en su sucesiva importación acrítica de todas y cada una de las distintas corrientes filosóficas europeas en boga.
En esencia, lo que nos mata es el ancestral complejo de inferioridad hispánico, protagónicamente alimentado hasta hoy por la intelectualidad criolla. Ahora bien, el cubano de a pie jamás fue antigringo ni facistoide ni “revolucionario” en ningín sentido de la palabra, mucho menos comunista.
En libertad, no consta que haya votado en masa en esa dirección. El castrismo es, en efecto, como bien dice Camilo, hijo de la falta de un pensamiento de derecha sólido, del caudillismo populista de raigambre peninsular y de los mitos (y fobias) mesiánicos de urdimbre intelectual.
Por último, desde el inicio de las guerras de independencia, tanto la sacarocracia rebelde como sus intelectuales rechazaron abiertamente al negro y al consiguiente mestizaje étnico-cultural como fundamento de la cubanidad. Su república debía ser europea, caucasiana.
El discurso de Alarcón en la UCI, y toda la proyección mediático-cultural del régimen, el apartheid negrero en la Cuba de hoy, no es más que el resultado de ese afán de pureza racial dominante en la alta nomenclatura provinciana que se adueñó del país en el 59.