Sarkonomía: un breve apunte adeudado

La llegada de Nicolás Sarkozy a la magistratura parisina es, ante todo, un triunfo del liberalismo verdadero. En una nación donde el concepto perpetuo de revolución se sobrepone al más lógico de evolución, la labor de un presidente que propone y ejecuta una nueva forma de hacer país, se convierte en tarea presurosa. Y es que Francia necesita de un Sarkozy desde hace mucho tiempo.
La lucha, esmerada y sobre todo sacrificada, por transformar el alma económica de la nación gala, por cambiar y transmutar esos obsoletos (y perjudiciales) privilegios de por vida existentes, se me antoja como praxis titánica, más no imposible. La “sarkonomía” es inteligente doxa. De hecho, modernizar la vetusta burocracia y reducir los costos para la creación de empresas son pilares, en este caso, de libertades individuales. Porque sin propiedad, señores, no existe libertad individual. El capitalismo, por lo tanto es consecuencia lógica de la libertad individual, o lo que es lo mismo, de la libertad del hombre.
En Francia, exactamente lo mismo que en una futura Cuba, se impone la necesidad de establecer, de generar cambios profundos en la actitud cultural hacia el capitalismo. Y para ello hay que despojarse de falsos conceptos y sobre todo de esa sensación de culpabilidad que suele provocar la libertad verdadera, alejada de fantasmas de revoluciones y de falsos salvadores. Y es que el capitalismo no sólo es ético, sino también eficiente. Ético a nivel individual, pero también moral como concepto colectivo.
Para Francia parece haber llegado, al fin, la hora de enorgullecerse de los beneficios del comercio y de barrer con impuestos enormes y subsidios, legados de administraciones reaccionarias del pasado. Porque, oponerse a la libertad del hombre no tiene nada de progresismo.























































































Camilo,excelente análisis… En medio de tanto estatismo y socialismo de todos los colores (por aquí tb tenemos uno bien particular e ineficiente) hay que recordar que “El capitalismo, por lo tanto es consecuencia lógica de la libertad individual”. Precisamente las bases de un Estado liberal son dos: La libertad individual y el derecho de propiedad. De ahí emana todo el desarrollo, estabilidad y prosperidad de EE.UU. y los países de Primer Mundo. Y son valores, a su vez, menoscabados, esquivos y criticados en estas latitudes tercermundistas. Mencionar “libertad y propiedad” a un socialista es lo mismo que mostrarle un crucifijo al Diablo. Como bien dijo Felipe González, en un acto de notable iluminación, “el gran problema de la izquierda es que nos hemos preocupado más de compartir la riqueza que de crearla”. Obvio, ¿cómo se puede generar riqueza sin libertad y propiedad? Lo de ellos es control en vez de libertad y “bien común” en vez de propiedad. Un abrazo chileno, Uziel
Lucido. Necesario.
Gracias, Octopius. Sobre todo por lo de “necesario”.
Uziel, amigo, concuerdo contigo.
Abrazos.
Querido Camilo,
felicidades por este post, de una lucidez y precisión remarquables, por decirlo en francés.
Y el problema de la Revolución francesa es que no ha terminado todavía…
Besos,
Isis