Chapitas y festival. Una historia real
Publicado por Camilo López Darias en Mayo 12, 2008
Reina, límpida en alma y cuerpo como cualquiera de nosotros, hacía retozar a su conciencia en medio de los preparativos, siempre adustos y revolucionarios, para el dichoso festival de la juventud y los estudiantes. Detrás de los discursos y aparejos reinaba la emoción ficticia, disimulada por posturas y sonrisas.
“Te ayudo a confeccionar estos sellitos”. “Son lindos y redondos”. “Son lúcidos y reales”.
Abelardo, a quien apodaban “Manos Torpes” en la escuela, se convirtió en experto tan sólo en algunas semanas distanciadas. Y Reina, para premiarlo con justicia, le regaló nueve chapitas coloreadas para que las repartiera allá en la beca.
“También los símbolos necesitan de una camisa a la que asirse”.

Una vez en el colegio, Sarita le propuso a Manos Torpes comprarle los sellitos a cincuenta centavos cada uno, para revenderlos en el barrio. En aquella manzana de Santiago de Las Vegas, Eloísa, tan ácida y cruel como su rostro arruinado por viruelas, llamó a los compañeros del MININT tan pronto percibió que un negocio capitalista se imponía. “Y todo parece labor del enemigo”.
Eloísa fue premiada con una palmada al hombro, viril y verde olivo. Abelardo fue regañado por sus pares y hasta Reina perdió el curso en la Universidad. Tras discusiones y peleas arduas, retomó Psicología en primer año. Se graduaría felizmente casi a los treinta.
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