Tribulaciones cotidianas
Publicado por Camilo López Darias en Abril 13, 2008
Desde Cuba, escrito por Karamchand
Como toda historia, esta tiene principio, desarrollo… ahora, el final es abierto; un final pospuesto como la esperada libertad que no nos acaba de llegar y solucionaría este pequeño, mundanal problema, que como verán, se ha convertido en una verdadera odisea.
Hace 10 años, comenzamos a notar un olor a putrefacto en el agua que tomábamos en casa. Luego de un tiempo, por el mal estado de la escalera que conduce a la azotea, no se podía posponer más la tarea de chequear los tanques que proveen el líquido, pues el resto de la red, factible de ser revisado sin peligro para la vida, como lo es la cisterna, los conductos, etc., ya había sido objeto de la correspondiente pesquisa, y la probabilidad de ser la causa se eliminó. De manera, que decidido ya, trepamos a la cúspide del apartamento. Cual no sería la sorpresa al observar en uno de los tanques, flotando entre sus arremolinadas aguas, a una fenecida de tiempos ha, paloma, en estado de descomposición total, contaminaba las aguas y su efecto perceptible era el mal olor. La ausencia de la tapa del tanque contenedor, fue la causa de que el mal hadado animalito fuera a terminar sus días en él. Alguno de los tantos ciclones, ventoleras u otro meteoro de los tantos que azotan el trópico fueron a su vez, comienzo de la tragedia. Luego de casi 20 años, desaparecieron de a poco los últimos fragmentos que íbamos colocando después de la fractura y recuperar los restos que no se llevó el viento.
El trabajo tedioso de vaciar por completo, limpiar rellenando y vaciando sucesivamente, primero con detergentes y lejía y luego con agua, tomó casi un día, un día de verano con el sol en lo alto y la espalda a punta de caramelo. De tapa, avizoramos desde lo alto, un enorme carrete que en su uso original enrollaba un cable eléctrico, desarmamos el artefacto de madera, para usar una de sus partes como tapa, teniendo la precaución de atar con pedazos de alambre a donde diera lugar, de esta manera se evitaba el posible avistamiento de un platillo u OVNI sobre la Ciudad. Antes de colocar el enorme y pesado disco de madera resultante del desarme del carrete, tapamos la boca del tanque con un nylon negro, para evitar la caída de cucarachas, habitantes de algunas oquedades de la tapa.
El tiempo, que todo se lo lleva, no importa cuán buena o mala sea la sustancia que compone no importa qué cosa, terminó por desmenuzar el nylon negro, comenzando a aparecer como pequeños fragmentos visibles en el agua y que de pronto asustó a más de uno de los integrantes de la familia, temeroso de las cúcaras; hasta ahí, la situación era llevadera, pero luego, los que sobrepasaban en tamaño al orificio de la llave de agua, quedaron atorados, de manera que en el curso de un mes, en sucesión, se inutilizaba la llave y con el prácticamente la funcionalidad de la habitación en que se encontraba, algunas, bastaba con desarmar un filtro pequeño, pero otras, retenían interiormente el fragmento y el desarme era de tipo nuclear.
Nuevamente, escalar a cierta edad, en que la prominencia se hace presente en los hombres donde molesta se ausenta donde no debiera en algunos casos, mientras se reduce en las mujeres por la gravedad, fue necesario quitar el resto del nylon, recoger con un improvisado colador atado a una escoba los pedazos más pequeños, en principio y fin, remover la pesada tapa.
Luego, solo queda al cubano esperar, esperar la próxima rotura, falta de la que “resuelve” las anteriores…esperar.
PD. En las fotos, desarme con pequeño causante de la tragedia.
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