Hace unos días traía a colación a Led Zeppelin y su Starway to Heaven, a propósito de los 300 mejores temas de Rock de todos los tiempos según una página virtual. Aprovechando la coyuntura, les traigo a Jimmy Page tocando 9 minutos un solo de guitarra, flanqueado respetuosamente por otros dos grandes: Eric “Mano Pesada” Clapton y Jeff Beck. Esto es, crean, para disfrutar.
Una selección de los mejores 300 temas de Rock and Roll de todos los tiempos. Lo de Starway to heaven, de Led Zeppelin, no me sorprende. La banda, sin dudas fue la más sólida de los 70 con ese drum increíble de John Bonham, el bajo soberbio de John Paul Jones, la voz exquisita de Robert Plant y la guitarra (la mejor de todas!) del inmenso Jimmy Page.
A propósito de Frank Sinatra y a especie de homenaje, les recomiendo echar un vistazo a los covers de su amplísima discografía. De muestra, un botón (realmente tres)
En 1989 la agrupación inglesa Fine Young Cannibals logró su mayor éxito musical con She Drives me Crazy. La voz de Roland Gift, su vocalista, sobresalía en la época como una de las mejores.
Fueron número uno en Inglaterra y los Estados Unidos con su disco The Raw and the Cooked.
En mi cuarto tenía un enorme poster de Kim Wilde, uno de mis tesoros de adolescencia. Y este You keep me hanging on era uno de mis temas favoritos. Proveniente del álbum Another Step (1986) fue mi versión preferida de la canción, originalmente grabada por The Supremes.
Se acaba de morir Cachao con esa facilidad conque los grandes lo hacen todo. No quiso, tal vez, obligarnos a transitar el empedrado camino del dolor y la desesperanza. Prefirió hacer mutis fugaz y silencioso. Prefirió, casi estoy convencido, emigrar hacia otros mundos armado de su contrabajo y de su risa.
Cachao me decía “Doctor” siempre que nos encontrábamos en su amado Versailles. Y yo le replicaba con un merecido “Maestro”. Y entonces, sólo en ese momento, me echaba un brazo sobre las espaldas y murmuraba: ¿Sabes una cosa, Camilo? Yo soy doctor igual que tú. Sí, doctor, pero de la música -Y lanzaba una sonora carcajada- Yo soy un doctor que endereza las notas musicales como mismo tú curas un catarro.Y apuraba su cafecito sin azúcar al ritmo de algún jazz improvisado.
El 21 de marzo de 1989 fue lanzado al público el álbum “Like a Prayer”, de Madonna. Este video, muy polémico en su momento, era lo suficientemente correcto politicamente como para ser puesto una y otra vez en la televisión cubana.
Yo prefería, a contracorriente de la crítica, discos anteriores como You Can Dance y sobre todo Who’s That Girl, más ochenteros definitivamente.
El trovador Frank Delgado lo dice en una de sus canciones: Cuba es una isla puta. Y no puedo estar más de acuerdo. Claro, entiéndase Cuba como gobierno regente y absolutista. Isla puta… exacto calificativo para los que mandan desde los contornos de la plaza. Abre las piernas con notable ligereza a quien quiera explotarla por un par de billetes del “enemigo”. Ya lo hicieron los rusos, tan ajenos al Caribe y al criollo. También España, Canadá e Italia. Ahora es el turno de la Venezuela roja que hasta la llegada de Hugo Chávez no se había percatado de cuan cerca estaba el prostíbulo anhelado.
Bon Jovi, el grupo de New Jersey liderado por el vocalista Jon Bongiovi y el guitarrista
Ritchie Sambora, protagonizó con el disco Slippery when wet (1986) el éxito mas espectacular y sonoro de la segunda mitad de los 80. En Cuba , incluso, se constituyó en motivo de orgullo nacional, gracias a la presencia del baterista cubano-americano Tico Torres en sus filas. La banda era favorita tanto de ‘románticos’ como de ‘rockeros’ y ‘casineros’.
Livin’ On Prayer es uno de esos temas que una vez que te agarran no te sueltan.
Cuando aun formaba parte del dúo Wham! el talentoso George Michael lanzó en solitario el sencillo Careless Whisper (1984), un super éxito en ventas que se convertiría en mi canción favorita de toda la década. El tema fue la reina de las numerosas descarguitas que a mediados de los ochenta se celebraban por doquier.
Luego de una prodigiosa década en los 70, Stevie Wonder grabó para el film Woman in red el que fuera su sencillo más exitoso: I Just Call to Say I Love You. Escuchar esta canción es retraerse al décimo grado y a las fiestecitas de la noche en la beca, donde Wonder era presencia obligada junto a la clásica rueda de casino y a Madonna.
Lionel Ritchie, ex vocalista de The Commodors, sacó a la luz en 1983 su exitoso disco Can’t Slow Down, que entre muchos otros hits incluía Running with the night, uno de mis temas favoritos de mediados de los ochenta. El video… típico de la época. Echen un vistazo…
La banda de Huey Lewis and the News vendió millones de discos durante los 80. Este The power of love, sencillo perteneciente al exitoso filme (y símbolo de la época) Back to the future, fue la consagración.
El video, dirigido por Robert Zemeckis, fue uno de los más populares en 1985. Y curiosamente indaga en los orígenes de la banda, que comenzó a inicios de la década tocando en bares.
Lewis y compañía serán sobre todo recordados por ser el grupo representativo del movimiento yuppie, algo de lo que no teníamos la menor idea en aquellos años de adolescencia temprana.
El ensayista cubano Leonardo Acosta, con varios títulos a cuestas incluyendo el premio nacional de literatura 2006, es uno de los escritores y musicólogos más reconocidos del período castrista en Cuba. En su currículo se abultan importantes obras como “Música y épica en la novela de Alejo Carpentier” y “Del tambor al sintetizador”, las cuales devoré en plena adolescencia, a mediados de los años 80. Su fidelidad partidista, como en casi todo intelectual premiado por el régimen, es a toda prueba.
Pues bien, releyendosu “Descarga cubana: el jazz en Cuba1900-1950”, publicado por Ediciones Unión en el 2000, me tropiezo en la página 81 con un párrafo francamente rebelde, contrarrevolucionario, desertor. Un párrafo contestatario a todas luces, que se filtró como riachuelo incontrolable (¡e imperceptible!) entre la aceitada maquinaria de la censura rutinaria (y literaria) del acontecer diario.
En el capítulo titulado “De dónde son los cantantes” (así, sin innecesarias interrogantes), Acosta hace un ligero recuento de quiénes serían los intérpretes que provenientes de géneros como el danzón y la contradanza nutrirían posteriormente las filas del naciente jazz cubano allá por la década del 20. Y es allí, precisamente en ese punto, donde aparece el párrafo en cuestión:
“Luego estaban las bandas municipales, que existían hasta en poblados que todavía hoy son pequeños. La lista sería interminable. Además, hallamos bandas pertenecientes a conservatorios, escuelas de música o asociaciones filarmónicas. Porque contrariamentea lo que se creey escribe hoy, en Cuba abundaban los conservatorios y escuelas de música, y la enseñanza musical, pública o privada, nada tenía que envidiar a la de otros países.”
Y es que el reconocido Acosta no se contenta con señalar un hecho factible y comprobable, sino que contradice abiertamente (y cuestiona) el tratamiento de ese hecho que se hace por parte de quien regula la información y escribe (reescribe) la historia, que no es otro que el propio gobierno.