Estancia Cubana

Blog de Camilo López Darias

Ideas

Algunas semejanzas

Permalink 19.11.07

Por Camilo López Darias.

Si habríamos de equiparar a la dictadura partidista de Hugo Chávez, el ex coronel golpista que reside en el palacio caraqueño de Miraflores, con alguna de las administraciones de la Cuba republicana, nada mejor que traer a colación al general mambí Gerardo Machado y su gobierno represor.

Desde los lemas pre electorales, donde priman el nacionalismo y las reivindicaciones antinorteamericanas (no olvidemos la promesa machadista de eliminar la Enmienda Platt) hasta el control absolutista del congreso y el senado con vistas a realizar modificaciones constitucionales que eternicen el ejercicio del poder, la semejanza es innegable.

Pero como suele suceder en estos casos, si a Machado y sus colaboradores les faltó un discurso ideológico de base, en el caso de Chávez el proselitismo “revolucionario” campea a sus anchas en todos los estamentos de la vida.

Quizás de allí los resultados. El presidente con vocación dictatorial Gerardo Machado, deudor de la Cuba revolucionaria del siglo XIX, dejó una obra constructiva perdurable e impresionante. Hugo, amén de sus pretensiones imperiales, sólo puede mostrar destrucción física e institucional.

La carretera central, acueductos y alcantarillados, caminos complementarios, escuelas y hospitales, obras emblemáticas en la capital… En ese sentido el caudillismo populista republicano supera con creces al castrismo y sucedáneos.

Pero en nuestros pueblos latinoamericanos parece existir una marcada propensión por la adoración de líderes individuales. Luego ya de las primeras concreciones de carácter dictatorial reveladas por Machado, en pleno 1927, el ex general mambí fue recibido en La Habana por un pueblo histérico y enardecido que lo llevó en hombros a palacio, ante la complacencia de todas y de todos. Regresaba de un viaje al interior donde propagandizó la prórroga constitucional a un segundo mandato de seis años.

Mosley y giros

Permalink 16.11.07

Por Camilo López Darias.

Los hombres suelen equivocarse. Aunque esa percepción de error, como el resto, es subjetiva y no concreta. Depende de quién juzga. Sí, también del “cómo”. Y es en ese sentido que la unanimidad se esfuma, estableciéndose la diversidad como resultado final.

Sin embargo, a veces se impone la mayoría (algo atemorizante, lo sé) con respecto a una opinión determinada. Y en casos así, ante la disminución consecuente del pluralismo, aumenta la credibilidad.

¿Menos pluralismo, más credibilidad?

Al menos en política se convierte en una sombra profundamente inquietante, porque se constituye en sustento justificativo de tiranías y totalitarismos, por ejemplo.

Pienso que hoy pecaré casi de absolutista al comentar un aniversario más, así de pasada, del nacimiento del político sajón Oswald Mosley, el más joven miembro de la Cámara de los Comunes en su fecha.

Hombre atribulado y en lucha permanente con la lógica (o deslógica) partió simpatizando con el conservador partido para luego caer en las redes, seducido y derrotado, del laborismo inglés, su pacifismo vecinal y la proletarización de las ideas.

De paloma blanca a cuervo, tras la influencia de Mussolini y el demencial ingreso en el fascismo.

¡De izquierdista confeso, a creador de las Camisas Negras en Bretaña!

Y con el desencadenamiento de la Segunda Guerra Mundial, Oswald quiso pasar por dialogante y certero, proponiendo planes de paz a la Alemania Nazi, que algunos confundidos vieron como signo de buena voluntad. ¡Que tolerante, flexible e inteligente el ex camarada Mosley! Y es que los ciclos de la historia se repiten con prusiana disciplina…

Tras la justa prisión (idea que seduce cuando pensamos en algunos miembros del exilio) este político inglés se empeñaría en seguirnos sorprendiendo. Creó el Movimiento por la Unión y se lanzó en una cruzada personal por la… ¡Unificación de Europa!

¿Quién el derrotado y quién el ilustre en esta historia?

Sin dudas, Oswald Mosley se convierte en desafío para aquellos que aún intentan descifrar si derechas e izquierdas existen por sí solas.

Paz, prosperidad, tranquilidad

Permalink 13.11.07

Por Camilo López Darias.

Las guerras de independencia del siglo XIX legaron a la isla cubana una herencia política fatal, donde el caudillismo anárquico se sobrepuso al sentido común y a la honestidad intelectual que tanto se preconizaron desde las huestes pensantes del ejército libertador.

Muy a finales del mandato de Tomás Estrada Palma, ante la inminencia de la aplicación primera de la Enmienda Platt, salvadora en más de una ocasión de la integridad de una nación no acostumbrada a los sin límites de la libertad, una parte importante de la población y la mayoría de los miembros del partido Autonomista llegaron a afirmar que preferían trocar la independencia en aras de paz, prosperidad e incluso tranquilidad.

Entre los autonomistas, no olvidemos a Rafael Montoro, prominente político y pensador, deudor intelectual de Kant y Hegel y admirador de la revolución francesa; una especie de ente colectivista y pre marxista catalogado luego como reaccionario derechista por los ideólogos de la “revolución”.

Si traigo a colación el sentimiento anexionista que se adueñó de muchos desde los mismos inicios de la república cubana es debido a la suposición de que “vicios letales” de esa índole jamás tendrían cabida en una justa sociedad como el paraíso castrista. Pero a estas alturas no me cabe casi la menor duda de que “nuevos muchos” en la isla seguirían con entusiasmo los amagues entreguistas de un gobierno inoperante. Recordemos: Paz, Prosperidad, Tranquilidad…

Grobart

Permalink 11.11.07

Por Camilo López Darias.

Abraham Semjovitch, judío polaco, es venerado por la intelectualidad partidista de la isla. Fundador del ala judía del Partido Comunista cubano en 1922, Semjovitch fue un reconocido agitador social expulsado del país en más de una ocasión.

Mejor conocido como Fabio Grobart, su nombre de combatiente ideológico, fue escogido por el KOMINTERN estalinista como responsable para las Américas durante plena segunda guerra mundial. ¿Su específica misión? Reclutar agentes “antiimperialistas” a través de todo el nuevo continente. La operación, financiada por redes de contrabando de diamantes, recibió el nombre de Plutón.

Grobart conocería a Fidel Castro en 1948, tras los sucesos violentos de Bogotá. Y es presumible, según han afirmado algunos historiadores, que el futuro comandante en jefe fuera captado por el habilidoso reclutador polaco, no como militante confeso del marxismo, sino como “cooperador” pagado. También Raúl, el hermano menor, formaría parte de la “red Caribe” desde 1953 y Ernesto Guevara un verano después.

¿Cuál ha sido la influencia de Grobart sobre el accionar político de Castro?

Sigo considerando al dictador (ahora moribundo) un oportunista sagaz y despiadado, con mucho de “olfato” y poco de “ideas”. Sin embargo, desconocer que su coqueteo interesado con las instrucciones del marxismo determinaron en gran parte mucho de lo que aconteció en la futura historia política cubana, sería pecar de estúpida ignorancia. La noche del 25 de Julio de 1953, horas antes del esquizofrénico fracaso del “Moncada”, Castro se reunió con Grobart en la calle Enramada #58. Durante los preparativos de la invasión del yate Granma, un agente de la KGB vinculado a Grobart, Nikolai Leonov, fue figura permanente entre los expedicionarios. Ambos, de más está decirlo, permanecerían tras el “triunfo” relacionados en grado extremo a Cuba.

Este constante ir y venir de agentes pro soviéticos y comunistas es uno de los tantos capítulos pendientes a ser estudiados en una revisión futura de la génesis y manutención del proceso político castrista.

Improvisando paso a paso

Permalink 09.11.07

Por Camilo López Darias.

Fidel Castro, obsesionado desde siempre con el poder absoluto, se lanzó al ejercicio galopante de la “revolución” sin justificatorios ideológicos. En materia de concreciones programáticas pareciera que fue improvisando a cada paso, sobre todo a inicios del proceso, cuando vistiendo aún el uniforme gansteril, se soñaba ya como regente autoritario.

Ante la ausencia de esa ideología base, Castro se reinventó acudiendo a lugares comunes: la obra y pensamiento de José Martí como propaganda populista mil veces probada en la república.

No hay originalidad en la política castrista. El recurrir posteriormente a una visión estalinista del aparato estatal parece haber sido lógica consecuencia de la vocación totalitaria con que se parió a la “revolución”, amén de otros factores singulares donde el oportunismo, sin dudas, juega papel fundamental.

Asco, indignación y rabia

Permalink 02.11.07

Por Camilo López Darias.

Los hacedores de la “revolución” cubana, con el abogado Fidel Castro Ruz a la cabeza, se autotitularon desde un inicio como herederos del legado libertario de José Martí y otros próceres de las guerras de independencia. Contiendas, no está de más enfatizarlo, de carácter nacionalista fundamentalmente. Esgrimir el concepto de “soberanía” como sostén del proceso político naciente se convirtió entonces en elemento explicatorio indispensable.

La isla, aparentemente, no se encontraría nunca más atada a los intereses de potencias extranjeras (como España y los Estados Unidos) y no sufriría de gobiernos corruptos y entreguistas. Bajo esos términos podría asegurarse que el espíritu de la “revolución” naciente era también de carácter francamente nacionalista.

Pero la isla caería vergonzosamente, como nunca antes en la república, bajo el dominio de un nuevo amo abastecedor: la URSS, que compraría la sobrevivencia del castrismo con armamentos y promesas de bonanzas. Tras el derrumbe del muro de Berlín, los antiguos socios se esfumaron y la dictadura de corte totalitario conoció de la orfandad y el desvarío.

A finales del año 2005, el vicepresidente Carlos Lage escandalizó a parte de la comunidad internacional al afirmar que Cuba tenía dos presidentes: Fidel Castro y Hugo Chávez. Hace poco, el propio Chávez en su última visita a la isla, aseguró que se están dando pasos para configurar una especie de nación gemelar, donde los límites y responsabilidades administrativos se vuelven difusos e imprecisos.

Y como guinda de la torta, el canciller Pérez Roque acaba de decir que Cuba estaría dispuesta a renunciar a su soberanía y a sus símbolos patrios en aras de formar parte de una especie de comunidad de naciones latinoamericanas, a las que condenarán a reescribir su historia tantas veces sea necesario con la mayor falta de seriedad posible.

¿Y el imprescindible concepto de “soberanía” al que aludía antes?

El motivo es burdo y lejos se halla de afanes bolivarianos o martianos.

Dinero. Necesidades económicas. Desespero por mantener firmes las manijas del poder.

¿Y todo lo hablado y hecho?

¿Y la acusación de entreguistas a los gobiernos de la república?

¿Y los disidentes condenados y crucificados por neo plattistas?

¿Y la independencia y la libre autodeterminación?

Ni siquiera el servilismo descarado ante la URSS puede compararse con este sainete que se cocina desde las oficinas del mismísimo Castro, con la segura complacencia del hermano menor y hasta quizás de buena parte de la plebe, que por tal de asegurar (cosa imposible) las necesidades básicas, olvida las lecciones de la historia reinventada por el régimen prosaico.

“La soberanía no se come” nos dirían, revelando la cobardía moral en que hemos caído desde hace medio siglo. El anexionismo en su nueva vertiente, … revolucionaria, proletaria, progresista, … aceptable como nunca antes. ¡Asco me da! ¡Y rabia!

Si algo queda claro en todo este episodio lamentable, es que quienes ilusoriamente apostaron por la posibilidad de un diálogo estaban equivocados. Siempre lo he afirmado. Las tiranías no dialogan, se venden.

Totalitarismo dictatorial

Permalink 25.10.07

Por Camilo López Darias.

La dictadura cubana no lo es a secas.

Cuando hablemos del proceso político castrista, lo correcto es categorizarlo como “totalitarismo dictatorial”.

Esto es por el elemento ideológico presente, que se desborda incontenible en cada instancia. Los totalitarismos, como sustento propio, buscan desesperadamente el apoyo de las masas, de quien necesitan aceptación y simpatías. Todo, enmarcado dentro de una nueva realidad, fruto de la destrucción de antiguas instituciones.

Si echamos un vistazo al período final del régimen batistiano, que ha sido clasificado por numerosos historiadores como “dictatorial”, comprobaremos la ausencia de una ideología propia, una cierta indolencia hacia el proselitismo populista, y sobre todo la no intención de cambiar la sociedad presente.

“Elecciones”, devaneos…

Permalink 23.10.07

Por Camilo López Darias.

Las elecciones en Cuba responden al consabido ritual movilizativo conque los regímenes totalitarios atosigan a una población por lo general adoctrinada y carente de una verdadera cultura democrática y participativa. Nos dicen desde La Habana que “el Partido no nomina”. ¡Ni falta que le hace! Pues todo el andamiaje proselitista es sustentado por organizaciones, numerosas y de nombres rimbombantes, que bajo la égida de una solitaria ideología se subordinan al Estado.

El totalitarismo es antidemocrático ‘per se’, gracias a un poder unificado en una sola persona (o en un grupo reducido) que como bien decía la excelente Hannah Arendt, sobrepone a la razón del Estado sobre la razón humana. Entonces ¿a qué sublime democracia se refieren los defensores del gobierno de La Habana?

En Cuba, tal y como ha acontecido en muchas otras partes, rige este llamado ‘Partido Comunista’, enemigo de las libertades y de los pluralismos, lo que en resumidas cuentas favorece y legitima el ejercicio del poder sin límites. Un refinado aparato represivo y policial es el mayúsculo encargado de velar por el correcto accionar de las prohibiciones.

Y también hablan de ese “voto secreto” y de esa “voluntariedad” que tanto conocemos. ¡Por favor! La politización de ¡TODOS! los estamentos de la cotidianidad (en el ámbito social, público y privado), estructurada en base a la propaganda y a la manipulación educativa, basta para garantizar que el proceso “electoral” prosiga por cauces adecuados y sin sobresaltos.

Tras la inmisericorde destrucción de las instituciones de la época republicana, la revolución cubana (arrastrando a una nación entera) se aferró casi por obligación (y mucho también por vocación propia) al líder omnipotente que, más por caudillismo que por condiciones relevantes, se hizo del bastón de mando y de la fusta para dirigir los destinos del régimen naciente. Invocándose conceptos como “soberanía” (hoy tan arcaico después de la aparición de Chávez en el contexto político cubano) y “libertad” (una desvirtuación de la “liberación” que tanto se acomoda a las revoluciones) se inventaron justificaciones de ese enfermizo dominio que ejerce sobre la masa toda el proceso político castrista, heredero ideológico de la revolución francesa. Cuando Rousseau manifestó: “La voluntad general es un enemigo peligroso para la estabilidad de la república” no hizo más que reflejar sin cortapisas el temor de los totalitarismos a la libertad. ¿Cómo controlarla, entonces? Y es en este punto donde aparece un Robespierre represivo, presto a aplicar la justicia intransigente e inmediata en aras de garantizar la “nueva democracia”.

En los totalitarismos al estilo de la revolución cubana, ha sido la Liberación y no la Libertad quien se ha impuesto políticamente. Ello nos ha alejado de las democracias más reales como la norteamericana, donde el establecimiento de instituciones duraderas ha terminado por garantizar un gobierno de leyes y no de hombres. La resolución de problemáticas sociales con la consabida promesa de bonanzas y abundancias económicas (¡casi milagrosas!), responde al legado de la revolución francesa, antecesora directa de las revoluciones “comunistas” del siglo pasado.

La solución no pasa por elecciones habaneras con pioneros custodiando las urnas de madera, sino por la admisión y participación de todas las personas en el espacio público y político. Los derechos individuales son inviolables y nada tienen que ver con esa fascista afirmación de que en los comicios de la isla caribeña “pueden ser nominadas aquellas personas que estén en pleno goce de sus derechos políticos”.

Surrealismo

Permalink 18.10.07

Por Camilo López Darias.

Surrealismo político. Tan simple como eso. No encuentro otra forma de calificar la monstruosidad vivida en Cuba durante la última visita del usurero mayor, el magnate petrolero (y presidente) Hugo Chávez Frías, quien rodeado de canes falderos en busca de bocado suculento, lanzaba bravuconerías huérfanas de talento y simpatía.

Algo dejó en claro el aullar lobuno del ex coronel golpista y los elogios disparados por sus anfitriones, deseosos de vender sus almas a cambio de petróleo y de dinero:

En primer lugar, las ansias imperiales del inquilino de Miraflores, esperanzado en expandirse por toda la América Latina, para “construir” esa especie distorsionada y falsa de sueño bolivariano con él (¡no faltaba más!) a la cabeza.

No menos importante, la personificación de una herencia política dispar. El moribundo Castro apuesta por Hugo Chávez (a pesar del desprecio intelectual) como su único sucesor directo. Y es que al decir de Carlos Alberto Montaner, la teoría de “después de mí, el diluvio” tras la muerte de Fidel, no es más que un mito. Y el petróleo crudo venezolano es, según piensa gran parte de la cúpula cubana, la única esperanza para la sobrevivencia de la “revolución”.

De allí, la creación demencial y desquiciada de esa posible “Cubazuela”, repleta de plejias e imposibles, amenazada antes por el muy serio Carlos Lage y reafirmada por Hugo Chávez en una franca inspiración maníaca.

Para contar, la aparente disposición de Raúl Castro de seguir jugando un rol definitivamente secundario en esta suerte de resurrección histórica, al menos mientras el hermano mayor decida mantenerse vivo.

Y por último, una imagen que se me antoja comprensible: un pelotón de fascistas trasnochados, blandiendo la swástica bananera del Caribe, planificando eliminar a aquellos que no comparten sus ideas.

¡Patético! Y también vergonzoso, por supuesto.

Pandataria

Permalink 13.10.07

Por Camilo López Darias.

Miami es la Pandataria del cubano. Y Madrid, y Buenos Aires, y Estocolmo. Extensísimo exilio de cincuenta años, disímil y multicolor, pero común en la razón de su existencia: distanciamiento de un régimen brutal e intolerante.

Derrotado en lo político y lo militar, el exilio criollo es un ejemplo notable de trágica perseverancia, sustituyendo en parte la vergüenza y el dolor de lo perdido por el orgullo de la sobrevivencia digna. Al menos la comunidad del sur de La Florida no sólo ha mantenido sus raíces, sino que ha influenciado más que positivamente al modo de vida norteamericano, al que conquistó y sedujo con esa gracia que se trajo de La Habana republicana.

A este exilio poderoso e influyente, sin embargo, le ha costado imponerse a su enemigo. De hecho, ha sido un imposible extremo. La “revolución” castrista aún se mantiene estrangulando a Cuba, como si de pacto con el diablo se tratase. Sin gozar de simpatías en prácticamente todo el mundo, la derrota responde a varias causas.

El apelativo de “Mafia de Miami”, desparramado por todos los rincones, se ha convertido en emblema forzado de esta comunidad, que si algún pecado ha cometido ha sido el de no olvidar a Cuba. Reflejo del éxito de la propaganda del castrismo, el exilio en general continúa escenificando el rol de víctima, categorización que se extiende a todas las generaciones de asilados. Vinculados al extinto gobierno del general Batista, denostado en grado extremo desde los tiempos de las luchas “revolucionarias”, al exilio se le relaciona con la falsa imagen de miembros de una “secta batistiana”, y en casos menos extremos los llamados “moderados” lo comparan al represivo régimen de La Habana. Periodistas como Alejandro Armengol alimentan la mentira con meticulosidad inconsistente, irresponsabilidad que me merece muchas dudas. “Ciudad en manos de los batistianos” llama a Miami medio siglo después del triunfo de Castro y de sus huestes. Movería a risa de no ser por las ocultas intenciones. Y es que a la exageración sobre los muertos y la represión, habría que sumar la aguda observación de Néstor Díaz de Villegas, esa en la que define al gobierno de batista como “impersonal” y no cohorte de fanáticos dispuestos a la muerte.

La prensa internacional, dominada por la pseudo progresía que babea tras las palabras de Castro, ha distorsionado gran parte de la historia, poniéndose al servicio de la dictadura populista, ignorando y oprobiando al exilio disidente, al mismo tiempo que le entona loas a Fidel y a lo que representa. Ello explica la escasa generación de estados de opinión que se suscita en estos lares, a diferencia de La Habana.

Más las responsabilidades se comparten. El viejo exilio, cuando nuevo, no comprendió la naturaleza perversa y diferente que animaba al naciente gobierno verde olivo. No se percató del apoyo del pueblo a la nueva causa “socialista”. De allí los fracasos sonados de Girón y el Escambray. La ideologización de las masas, rápida y factible para entonces, delimitó el curso de los acontecimientos. El pueblo, acostumbrado a caudillismos desde inicios de la república cubana, se consoló con la llegada del Mesías y disfrutó de la miseria impuesta. “¿Y los traidores del exilio? Ellos no cuentan.” Los métodos inadecuados empleados, explotados a propia conveniencia por el aceitado aparato propagandístico del régimen, colocaron el último clavo en el ataúd de la lucha disidente.

La esperanza, a diferencia de lo que dicen otros, no hay que buscarla en diálogos arreglados ni en ejercicios de guerras convencionales. El régimen fenecerá por la ausencia de un líder, requisito indispensable a todo totalitarismo. El embargo, tibio y descafeinado, sería una herramienta útil bajo otras condiciones. Se trata, más que nada, de posición moral indispensable que celebro y aplaudo, pero inoperante en términos prácticos y reales. La respuesta es desacralizar. Romper los mitos, rescatar la verdadera historia, echar abajo el hormigón proselitista…

Quien pretenda paños tibios en materia intelectual, en aras de justificar nuestras vergüenzas, estará de una u otra forma en componenda con la dictadura de La Habana. Comparaciones a destono, acusaciones infundadas, desprecio generacional, son todos elementos que terminan por beneficiar a la monarquía socialista de los Castro. Es hora, por lo que nos toca, de gritar basta y ponerse a trabajar. A ver si la partida la acaban de perder los lacayos y los victimarios.

Un muerto sobrenatural

Permalink 08.10.07 @ 19:29:50. Archivado en Cuba

Por Camilo López Darias.

La llamada “revolución” cubana se ha encargado de mitificar su historia desde la primitiva génesis (asalto ‘esquizoide’ al Moncada amurallado) hasta la actualidad deforme, quizás (y entre otras cosas) para intentar la adquisición de esa especie de carácter imprescindible que tanto seduce a los apóstatas cuando se encaraman al poder. Ha sido esfuerzo diario durante más de medio siglo, y ha requerido de cuantiosos recursos y de aliados fieles y complacientes. La fabricación de mitológicos héroes, casi en producción planificada con consabidos esquemas quinquenales, fue punto cardinal en la estrategia.

El caso del “guerrillero heroico” Ernesto Che Guevara se sitúa justamente en la categoría de mito histórico cultural, donde la subjetivización de los hechos acaecidos ocupa posición de privilegio en tanta manipulación. Entiéndase, de más está decirlo, la subjetivización como una aberración de la verdad. Pues bien, detrás de tanta edulcorada imagen subsiste un hábil aparato de incólume propaganda, capaz de equiparar al sangriento guerrillero con el propio, y lo digo sin el peso de la culpa, Jesús Cristo. Ha sido la cruzada religiosa del régimen verde olivo, que optó por la eliminación de cultos establecidos para debilitar la competencia al nuevo faraón y su cohorte de sobrenaturales muertos, entre los cuales contamos al argentino del Granma y de la Sierra. Recordemos a Korda y sus fotografías cuasi místicas, donde un compungido y poderoso Che revela su terrible aura de elegido cuando el hundimiento de La Coubre. Y tampoco olvidemos aquellas instantáneas del combatiente asesinado en la escuelita de La Higuera, semejando al hijo de Dios crucificado.

La idealización del mito guevarista posee dos vertientes, la ideológica a la cual se aferran aquellos que rechazan la entrada a una dinámica de vida natural (prefiero que se piense en universitarios con temor a ejercer las facultades aprendidas) y la virtual o comercial, sostenida y financiada por esos mismos estudiantes, que entre marchas y manifestaciones se calzan la boina de la estrella solitaria y el t-shirt que venden en la tienda capitalista de la esquina. Ante la lógica desmesurada del pragmatismo material prefieren anteponer la silueta del barbudo romántico y guerrillero, aunque en ello les vaya el comprometer sus almas por un tiempo.

Guevara ha pasado a convertirse en lucrativo negocio, como si se tratase de una cruel venganza por parte del capital que tanto odió. Y muy curiosamente, en su propio terruño proletario (Cuba), las camisetas, pulloveres y boinas se comercializan con desparpajo gangsteril.

Si algo hay que sacar en claro de este 40 aniversario de su muerte, es que aún los “malos” pueden morir de forma indigna, suplicando perdón a sus verdugos. Eso me hace pensar que a veces existe esa justicia abigarrada y cruenta que tanto satisface… al menos con algunos hombres que no merecen menos.

Las propuestas de Campos

Permalink 06.10.07

Por Camilo López Darias.

Pedro Campos es un oscuro ex funcionario del régimen cubano. Al menos eso pienso.

Me decidí a echarle un vistazo a las 15 propuestas que el historiador ha estado promocionando por la inaccesible Internet (sí, el hombre tiene acceso) y me percaté inmediatamente de que el espíritu de la perestroika aún ronda en ciertos sectores de la “revolución pensante”.

En una especie de desfase de al menos 20 años, Campos esgrime con retórica ilusoria una serie de puntos, para nada novedosos, que alguna vez escuché parlotear en la Cuba del Período Especial, y aún antes. Sin dudas, las demandas económico-sociales del estimado Pedro me remontan a aquellos debates, que con más entusiasmo que conocimientos, sosteníamos en los patios de la Facultad de Medicina acompañados de una botella “Chispa ‘e tren” y algún tomate con sal como aperitivo imprescindible.

Hay lógica, y lo digo sin remilgos, en la forma de pensar de Campos. Muchísimos en Cuba y el exilio se esperanzan con algunas de las “soluciones” ofrecidas por el catedrático cubano. Pero hay que tener en cuenta que ninguna de las opciones ofrecidas por el señor Pedro (¿ha sido realmente él?) apuestan por la dignidad como materia política. ¿Y la verdadera democracia? ¿Y los derechos reales del ciudadano de a pie?

A principios de la década de los 90 Fidel Castro tuvo en sus manos la posibilidad de implementar cambios no traumáticos dentro del proceso político cubano. La rumorología popular señalaba como posibles estamentos algunas de las “afirmaciones” que hoy nos trae Campos como milagrosa solución. Y como era de esperar, nada sucedió. Para aquel entonces pensaba que mejor era algo que nada y que irremediablemente el fin del sistema se encontraba al doblar de la esquina. Es posible que la flexibilización económica dañara irremediablemente al absolutismo verde olivo, pero no tuvimos la posibilidad de tasarlo y valorarlo por nosotros mismos. Quizás de allí la negación del comandante en jefe por hacer de Gorbachov un símbolo.

¿Por qué tendría ahora que implementar esos viejos fantasmas peligrosos el menor de los Castro? ¿Por qué arriesgar el poder acumulado?

Definitivamente, todo este bla bla bla coyuntural me sigue pareciendo dirigido a los incautos. Y el licenciado Pedro Campos podría ser el cebo.

¿Alguien lo duda?

Diálogo… Pamplinas

Permalink 01.10.07

Por Camilo López Darias.

policias cubanos

Lo voy a reflejar en términos muy simples:

Un grupo de personas que disienten y se oponen a la política oficial del régimen cubano, algo por lo demás común en cualquier rincón civilizado del planeta, decidió reunirse para protestar. Nada de violencia como estandarte del enojo, ni de actos condenables como esos que a diario ejecutan los falsos pacifistas que se oponen al “imperio” y los estudiantes santiaguinos que amparados por el Partido Comunista destruyen con saña libros y pupitres, negocios y autobuses, mientras piden mejoras universitarias.

Pues bien, el mencionado grupo recibió barrotes y violencia en pago a tan descomunal afrenta.

¿Cómo se les puede ocurrir disentir del magnánimo gobierno?

¿Acaso aún no se percatan de la imposibilidad de pensar por ellos mismos?

Un ejemplo concreto para desvirtuar tamaña tontería. ¿Soplan vientos de cambio en Cuba? ¡Incautos! Ni los sosos debates de Kaos en la Red, ni el Pavongate infértil con su carga amontonada de guerreros e-mails, ni la imbecilidad del “pragmatismo” de Raúl pasan de ser inconsistencias trasnochadas.

El objetivo es uno: Conservar el poder de tanto tiempo a como de lugar.

Y mientras, España hace negocios y presume de infinita tolerancia, como si de juego de niños se tratase. ¡El vil dinero! ¡Los mezquinos intereses! EL diálogo, no es mi intención negarlo, sería una vía afortunada, pero BILATERAL y no sesgado El resto, señores, no es más que pérdida de tiempo.

Y es precisamente en este punto donde se me antojan las comparaciones:

¿Es el gobierno del socialista Zapatero valuarte de la lucha por la democracia en Cuba?

¿Padece de amoralidad la administración de Bush por exigir libertades en la isla?

¡Pamplinas!

Un ciclo conocido

Permalink 25.09.07

Por Camilo López Darias.

Existen ciclos que se cumplen invariablemente en todo proceso político social. Lo preocupante es cuando se repiten sin apenas alcanzarse una etapa presuntamente superior.

Preocupante, porque denota estancamiento, algo así como una “contrarrevolución in situ” donde rige el inmovilismo.

El nuevo llamado hecho por Raúl Castro a debatir sin cortapisas, no es más que la repetición de otros iguales, generados y lanzados durante la década de los noventa. Ninguno, de más está decirlo, gozó de seriedad y buenas intenciones. Pero es una estrategia sobre todo cómoda: permite brindar la sensación de que “las cosas” se mueven.

Un análisis medianamente objetivo de la postura raulista revela esa superficialidad que domina en las cúpulas totalitarias. Y es que sin revisión total no hay soluciones… Al menos en el caso cubano.

El poder es “intocable”.

Un unipersonalismo por otro

Permalink 21.09.07

Por Camilo López Darias.


Los regímenes totalitarios son unipersonalistas, de allí la naturaleza impredecible que los anima a cada instante al estar sujetos a las veleidades del regente de turno. Si acaso imperturbable al desvarío existencial del líder, el poder y su mantenimiento sobresalen como premisa recta e invariable. Cualquier factor que coloque en peligro el motivo de ser de tanto absolutismo, será barrido sin contemplaciones.

Por ello Fidel Castro, cuando pudo, no estableció cambios políticos importantes, aferrándose al viejo discurso de toda una vida, prehistórico e inoperante. Por ello la sobrevivencia, durante la terrible década de los 90, de la pseudo revolución cubana, enquistada en las raíces de su nacimiento populista.

Una transición hacia la democracia bajo el reinado del príncipe sucesor Raúl es teóricamente lógica y hasta posible. Pero el adusto general de ejército no es Pinochet. El cree que su legado se soporta bajo férreas columnas ideológicas, lo que marca una notable diferencia con los generales de derecha, pragmáticos y desprovistos de afanes de trascendencia. En fin de cuentas, el menor de los Castro hereda lo que considera una misión de enorme magnitud. A pesar de su control absoluto de la economía y el ejército, jamás vindicará la tolerancia y la apertura que tanto necesita la sociedad cubana. Su intolerancia es quizás mayor que la de su hermano moribundo, aunque con menos capacidad de manipulación, lo que podría llevarlo a reprimir con facilidad indiscutible.

El egocentrismo de Fidel se acaba, pero ahí queda el fanatismo dentro de los contornos familiares.

Un trono ausente

Permalink 20.09.07

Por Camilo López Darias.

Escuchando un soporífero discurso del mandatario boliviano Evo Morales, me doy cuenta de lo obvio: la elocuencia populista e incendiaria del dictador Fidel Castro, omnipotente en su inmensidad de poder sin contrapesos, no deja herederos entre sus seguidores ideológicos. Se extingue el verbo provocador a la par del anciano moribundo. ¡La plaza de orador en jefe, desolada!

¿Pueden permanecer los totalitarismos sin el manejo avasallador de la palabra? Tenemos el tecnocratismo soviético y de la Europa oriental como ejemplos casi concluyentes. Pero… hablamos de una isla caribeña acostumbrada al mesianismo dirigencial. ¿Y qué nos queda? Un parco Raúl, príncipe sucesor, que aborrece a los espacios abiertos y a la gente.

En la zona, enarbolando la bandera del chauvinismo revolucionario, un Hugo Chávez embrutecido, vitriólico y enardecido, que despierta más desagrados y desaires que deseos de arrastrase tras su “obra”. Un Daniel Ortega tan cansón como Morales, y un Correa prepotente.

Por cierto, Augusto Pinochet jamás se destacó como orador. Pero dejó innumerables frases cargadas de agudeza. ¿Ejemplos?

“Parece que (los políticos) me tienen pánico, por eso que se llevan hablando de mi”.

“Hay muchos que quieren que me muera, pero no estoy ni siquiera resfriado”.

“Roma cortaba las cabezas de los cristianos y éstos reaparecían una y otra vez. Es algo parecido lo que pasa con los marxistas”.

La zafra de los 10 millones e Ichikawa

Permalink 03.09.07

Por Camilo López Darias.

Conversando este fin de semana con Emilio Ichikawa frente a una exquisita cosecha Cabernet Sauvignon del valle central de Chile, me contaba sus sospechas (a estas alturas más que nada una “osada y nunca despreciable teoría”) acerca de la verdadera causa que se esconde tras la ya mítica Zafra de los 10 millones y su sonoro fracaso.

En 1970 toda la nación cubana se movilizó en aras de lograr una histórica cosecha que en un final de cuentas demostrara de una vez por todas que el socialismo de la sierra superaba en eficiencia y productividad al “terrible capitalismo” de la época republicana. A pesar de los esfuerzos y campañas, el resultado final se constituyó en una derrota económica y moral que aún se saca a colación cuando de ineficiencias “revolucionarias” se habla.

En torno a los ocho millones de toneladas, la zafra del 70 en términos comparativos fue superior al resto, pírrica victoria si se toma en cuenta toda la infraestructura utilizada en el desaguisado. Las justificaciones, los actos multitudinarios condenando el secuestro de unos pescadores y el ensalzamiento de logros deportivos tuvieron el sabor de cortinas de humo ausentes de autocrítica y cobardes.

Pero según Ichikawa todo respondió a un guión previamente establecido. La zafra estaba condenada desde sus mismos inicios. ¿Por qué dar a conocer el soberano fracaso cuando, como muchas otras veces, los resultados habrían sido muy fáciles de falsear? ¿Por qué, si en un final de cuentas la verdad no es “estado obligatorio” en los regímenes totalitarios y sobre todo populistas?

Castro ansiaba romper desde entonces con cualquier atisbo de filosofía maoísta que persistiera en “su” proceso, y para ello necesitaba más que imperiosamente el acogerse a la teoría soviética de planificación económica y a sus planes quinquenales, hecho que ciertamente ocurriría cinco años después, durante el desarrollo del primer congreso del Partido Comunista Cubano.

“Compañeros, no podemos continuar planificando la economía año a año. Miren lo que pasó con la zafra de los 10 millones” sería una especie de consigna, barredora de la figura del Che y de todos aquellos que quizás alguna vez remilgaron sus narices ante la devoción de los hermanos Castro por el imperialismo ruso y sus “bonanzas”.

En resumen, para mi amigo Emilio, Fidel simplemente sacrificó el ideal de toda una nación (representada por la Zafra de los 10 millones), por la futura instauración del modelo socialista soviético, abastecedor de su proceso durante 30 largos años. ¿Y Guevara? Muy bien, gracias, revolviéndose en su tumba.

El alivio

Permalink 28.08.07

Por Camilo López Darias.

Inalterable a lo largo del tiempo, como uno de los ejemplos más notables del inmovilismo “revolucionario”, la diatriba populista de la nomenclatura cubana se repite y se repite sin recesos desde sus mismos inicios. Este anquilosamiento del discurso oficial, instaurado tras la rápida implantación de neologismos tan bien descritos por Orwell en su monumental “1984”, oculta con premura el espíritu de cambio que se refleja en el lenguaje bajo la densa sombra de los populismos izquierdistas. Es la diatriba antirrevolucionaria por esencia, característica de las revoluciones. ¿Contradicción? No, realidad.

Un 26 de Agosto de 1961 el naciente dictador Fidel Castro discurseaba acerca de la ya difícil situación económica que prevalecía en la isla. Si algo hay que reconocer en estos casos es la premura destructiva de los sistemas “socialistas”. En una alocución donde la mención del asesino Che Guevara fue lo más vitoreado y aplaudido, Castro como siempre acusó a los Estados Unidos de todas las miserias de su proceso nacionalista al mismo tiempo que criticaba la escasez mañanera de malanga y se contradecía con esa “La revolución no se halla ante ninguna crisis de producción” o “La producción ha ido aumentando paulatinamente”.

La ausencia obligada de Castro ha librado al cubano de a pie de estos ejercicios retóricos constantes. Los discursos han pasado a mejor vida.

Rumores de un Castro que es cadáver

Permalink 23.08.07

Por Camilo López Darias.

El rumor es un fenómeno social. Como cuestionador de la “verdad” y de la “objetividad” de los medios oficiales, suele constituirse en ente acusador de la censura. Y a pesar de no contar con elementos probatorios objetivos capaces de demostrar su veracidad, su carácter improvisado establece y restablece consensos colectivos en torno a un determinado tema, por lo general “crítico” en términos de relevancia subjetiva.

Se rumora que Castro ha muerto o que al menos su estado de salud ha sufrido una importante nueva recaída. Se habla de una peritonitis y de una sexta intervención quirúrgica en el período de un año. Se dice que la escolta personal ha sido reasignada y que la cúpula política navega en aguas de incertidumbre. Se jura que la “mesa redonda” no es ya la de antes y que la prensa cubana expele olor a funeral.

No hay que culpar a los actores que intervienen en esta trasmisión exponencial y encadenada del ya clásico “run run” cubano, ni a los sitios digitales con fotos de “Mercedes”, ni a las “fuentes anónimas” de los contertulios de Oscar Haza, ni a la “seguridad”, ni a la corresponsal de ese “Reforma”. La responsabilidad va atada a la mano de la ambigüedad del totalitarismo, al secreto de estado inoperante y al propio Castro, cadáver político en los estertores de su vida.

Al menos estos rumores repetidos que con disciplina eterna volverán al ruedo una y otra vez mientras el dictador no muera, nos brindan señales responsables, (amén de la incertidumbre intelectual y de la ansiedad personal que suelen provocar) que como termómetro en la axila de un infecto miden la temperatura de lo que acontece adentro. Y funcionan como claro elemento de persuasión en la toma de importantes decisiones de cariz político, e incluso, juegan un rol gratificante para aquellos que los emiten.

La expectativa que pudiera reinar hoy en La Habana es directa consecuencia de todo lo que se ha dicho fuera de las fronteras de la isla. Las ausencias del 26 de Julio y del 13 de Agosto y sobre todo el silencio oficial a las aseveraciones de la corresponsal del diario mexicano alimentan ese carácter “previsualizador” tan común a los cubanos. Pero fuera de ello, nada serio que pueda comprobarse. Y es que al final ni siquiera guarda más relevancia que otras cosas. El dictador soberbio ya no existe. Sólo sobrevive por ahora su monstruoso legado de terror, aunque el champán esté guardado para el día en que el rumor se concrete en realidad.

Maradona y su antiamericanismo

Permalink 21.08.07

Por Camilo López Darias.

El antiamericanismo es irracional. Su sustento existencial se basa en una serie de creencias y prejuicios francamente estereotipados, que comienzan a gestarse en las postrimerías del siglo XIX tras la guerra en Cuba contra la España colonial. Y es que el odio y la oposición a los Estados Unidos han ido de la mano a lo largo de la historia con el carácter intervencionista de la Casa Blanca, factor político que influyó a su vez en el ascenso de la nación norteamericana al olimpo de las grandes potencias militares y económicas de todos los tiempos. Ello, tal y como afirma James W Caeser, causa hostilidad y suspicacia en el resto.

La frase dicha por Maradona no sorprende. Es un reflejo de esa explosión de antiamericanismo que ha sacudido al mundo tras el advenimiento del siglo XXI y el republicanismo, y que ya había predicho Gerald Celente, director del Trends Research Institute.

“Odio todo lo que venga de Estados Unidos, lo odio con todas mis fuerzas”.

¡Qué simplista! ¡Cuántas frustraciones! ¡Cuánta ira!

Si antes era la eterna lucha entre el capitalismo occidental y el bolchevismo del oriente, ahora se ha reducido al antiamericanismo como “filosofía” sustituta que ocupa y llena el profundo vacío dejado por el extinto “comunismo”. Se trata en un final, según el curso de las cosas, de ir de más a menos. “El antiamericanismo es en realidad todo lo que queda del programa político de la izquierda tras el colapso de sus sueños socialistas”, dice con certeza David Horowitz.

Pero la verdadera razón de tanta oposición sesgada, carente de análisis y lógica, responde a lo que Christopher Hitchens plasmó con sencillez rotunda: “La única Revolución en pie es la norteamericana”. Ello despierta envidias y carencias en quienes reconocen lo vital de la nación y de sus leyes, las bonanzas de la verdadera libertad y del verdadero estado de derecho. Es así que los enemigos y sostenedores del antiamericanismo, esos que lo programan como bandera de lucha arrastrando consigo a ineptos al estilo de Maradona, son quienes verdaderamente comprenden la naturaleza progresista y liberal de los Estados Unidos, y no pueden tolerarlo porque en un final de cuentas significa el reconocimiento del fracaso propio. El caso de Castro es ejemplificador.

Los disfraces de Castro o una lacónica reseña del fracaso

Permalink 16.08.07 

Por Camilo López Darias.

Castro viste desde que muere ese ridículo “mono”deportivo Adidas, con banderita y nombre incluidos a un costado, como si de un deportista insigne se tratase. Sin dudas es su última obsesión, su quimérica pasión frustrada. Relata Pardo Llada, ex padrino político de Fidel, que en tiempos del colegio de Belén, un joven Castro practicaba a todas horas, lanzando sliders, curvas, knuckleballs y rectas contra un descascarado muro de cemento que se levantaba en el patio de la escuela, atesorando el sueño de algún día convertirse en una estrella reluciente y deslumbrante del pitcheo de las Grandes Ligas.

Y de las fotos rescatables de su infancia juvenil siempre se priorizaron aquellas en que jugaba a ser basketbolista, “culillo” repetido y perpetuado al infinito con esos partidos de pelota en que con estampa más cercana a ZZ Top que a Martín Dihigo y Adolfo Luque lucía orgulloso un uniforme con bombachas.

Debe haber sido Castro un deportista horrible, sin la gracia y el talento de los elegidos y los fuertes. Un fracaso, tal y como aconteció durante su vida guerrillera donde también se disfrazó, esta vez de verde olivo. O como cuando estrenó ese terno azul a rayas “Pierre Cardin” simulando ser hombre profundo y de brillantes ideas. Simulación perpetua y el “arte” de aparentar lo que no se es.

Castro se muere, en fin, con la misma mediocridad de entorno que acompañó su vida. Gangster frustrado y dirigente estudiantil inexistente, pésimo guerrillero jamás herido en la batalla, hacedor destructivo de un proceso sin ideología, lega una nación entera en las penumbras, en ascuas, de post guerra. Un desastre sin filosofía ni razón. Los numerosos uniformes o disfraces de Fidel, obsesiones y “culillos” permanentes, no han sido más que el reflejo exacto y verdadero de la locura malsana, esa que lidia y que no transa con la brillantez de pensamiento.

Agoniza

Permalink 15.08.07 

Por Camilo López Darias.

Castro agoniza una vez más, como si en vida pagara sus miserias, incontables, crueles y terribles. ¿Nos cabe alguna duda? De llanto andarán las Viudas Negras, plañendo la desgracia del tirano reaccionario, que no es más que la desgracia propia. Nuevos rumores… y se me antojan muy creíbles. ¿Arriesgaría un corresponsal extranjero la posibilidad de estar presente al pie del cañón cuando el dictador más destructivo del olimpo bananero muera? Lo que quiero decir es que sus fuentes deben de ser certeras. Y cuando llegue el momento, esta reportera sin dudas habrá dado el batacazo de su vida, en términos profesionales, claro.

Y es que cuando la nave principal se hunde, las alimañas de a bordo corretean nerviosas y se largan. Si no miren a la recalcitrante hija del Che garantizando su pasaporte trasandino. Si no miren las parcelitas en Galicia y hasta quizás en Chile. Sí, presiento que viene la debacle entre los herederos del castrismo, tras el vacío de poder que reinará dentro de poco. Será como un torbellino en las profundidades, visible solo cuando sea inevitable y turbulento.

13 de Agosto: Un culto que se muere

Permalink 13.08.07 

Por Camilo López Darias.

Cuando Nikita Krushchev, en un osado ejercicio de pragmatismo circunstancial, denunciaba peyorativamente los desbordes políticos cometidos por su antecesor Iosif Stalin frente al plenario del XX congreso del PCUS, se acuñaba el término “culto a la personalidad” como sofismo descriptivo de esa adoración y adulación excesiva que suele practicarse con muchísimo entusiasmo en los regímenes totalitarios hacia un líder vivo.

El proceso posterior y opuesto de despersonalización del mito, una vez ausente el mandatario augusto, es inevitable y generalmente irreversible, ya sea por acusaciones y críticas de quien revela, como en el caso citado de Stalin y su sucesor Krushchev, o por evolución natural, tal y como acontece en China, con la figura de un Mao que se desvanece entre operaciones comerciales y la irrupción de nuevos millonarios.

A pesar de la negación por parte de seguidores y partidarios, en los sistemas de mando vertical, donde un ente único regidor y controlador dispone a voluntad de todos los estamentos del Estado, se le otorga la categoría de semidiós intocable e intangible a quien domina, atribuyéndole virtudes y orquestando un maratón ritual interminable e incontenible de homenajes, ovaciones y referencias varias. Y tal y como afirma Jean Bruhat, “no hay culto sin fieles”, estableciendo responsabilidades compartidas cuando de mitificar a un dirigente político se trata. Ese “Fideísmo”, aparentemente contrario al espíritu teórico del materialismo colectivista, es en la práctica tremendamente afín al totalitarismo dictatorial de “izquierdas”. El caso de Cuba es relevante.

Si algún episodio es revelador del culto a la personalidad que se le brinda a Fidel Castro por parte de sus fieles, es la celebración de su cumpleaños cada 13 de Agosto, sobre todo a partir de la década de los 90, cuando en pleno “Período Especial” se requería de mayor esfuerzo demagógico para mantener a las “masas” en torno a una única idea y a un único proyecto. Coros de niños pioneros cantando loas y alabanzas, reconocimientos desbordados, poemas y trovas, referencias y oraciones…

Pero el viejo dictador está muriendo y poco quedará de su memoria. Esos cumpleaños, cada temporada más desapercibidos, se diseminarán a lo largo del camino lo mismo que la pleitesía que hasta ayer creímos casi permanente e imprescindible. El culto a Castro caerá en el descrédito y se apagará como quien sopla una vela. Quizás, incluso, ya esté pasando en vida.

Esa realidad alternativa

Permalink 11.08.07 

Por Camilo López Darias.

De imprecisiones repetidas y constantes se conforma esa realidad alternativa, nunca fiable, que a tantos gusta y acomoda. Este editorial del periódico argentino El Clarín es un ejemplo prístino de cómo se puede tergiversar la historia con un mínimo de esfuerzo.

EL escrito en cuestión parte de una premisa comprobable: “En Cuba nada ha cambiado”, que aunque absolutista e inflexible concedamos que refleja lo que muchos analistas piensan y consideran. ¡Pero de allí a clasificar a la dictadura de La Habana como “Revolución Triunfante”, cuando sencillamente no es lo uno ni lo otro! “Inmovilismo Fracasado” sería el término preciso y justo. ¿Hasta cuándo la edulcoración del proceso político castrista?

El escritor chileno Jorge Edwards le llama “condescendencia” y lo limita, cosa con lo que no concuerdo, a márgenes localistas, entiéndase Latinoamérica y España. “Tuvimos una ilustración débil, un romanticismo llorón”, dice y culmina con sapiencia “…entonces nosotros somos demasiado tolerantes frente a las tonterías que nos lanzan desde Cuba y Venezuela. Somos demasiado condescendientes, no tenemos una firmeza sólida frente a esos problemas. Y creo que ahí somos prácticamente responsables todos”. Hablan en El Clarín de “Bloqueo” y no de “Embargo”, y la agudeza de Edwards se resalta. Al menos la imbecilidad encuentra contendores lúcidos y desprejuiciados.

Pero prosigue el malintencionado editorial de marras, enviando una especie de mensaje que ya he leído y escuchado en otras partes: “Cualquier cambio drástico puede ser peor”. Y quizás lleve razón, pero sospecho que hacia allí no corren las sobradas intenciones. Es la perpetuación del status quo y el miedo paralizante a un futuro diferente. ¿Cuál es el interés o a qué agenda política responden? “Es Argentina, no lo olvides” me diría un amigo conocedor de los cafés de Buenos Aires y de las peñas porteñas donde el Tango es religión y Dios. Y es que la nación austral, como gran parte del subcontinente americano, alberga un sentimiento anti-estadounidense irracional y justificativo. Habitan intramuros los “partidarios de la cultura adversaria” al decir de Paul Hollander, aquellos que “tienden a simpatizar con prácticamente cualquier fuerza política que se oponga a los Estados Unidos”. Mucho de eso, sin dudas, también hay.

La opinión conservadora y reaccionaria de El Clarín desafortunadamente no es escasa. A diario se repite y desparrama, oculta tras una máscara supuestamente roja. Lo importante, lo verdaderamente trascendente, es no callar ni soportar tanta desidia sin al menos oponer la voz y las ideas.

Una derecha inexistente

Permalink 02.08.07 

Por Camilo López Darias.

Los hacedores intelectuales del proceso político castrista han preconizado desde siempre el carácter ideológico de “izquierdas” que presuntamente caracteriza a la “revolución”. Y para reforzar dicho posicionamiento justificativo, se ha distorsionado la realidad histórica. Es falso que la Cuba republicana y sus gobiernos hayan sido fieles representantes de esa “terrible derecha capitalista” contra la cual el iluminado Castro se vio en la obligación de combatir, porque en la isla simplemente nunca existió una verdadera tradición del pensamiento de “derechas”, ése que postula una mínima presencia del Estado y un superlativo desarrollo de la individualidad como premisa.

En la joven república predominó el populismo nacionalista heredado de la política de guerra del siglo XIX, y si acaso una manifiesta inclinación hacia la izquierda oportunista tras la Revolución del 33.

Desde la asunción a la gobernatura por parte del intelectual y revolucionario Tomás Estrada Palma hasta la huída del general Machado, es fácil constatar la sombra del caudillismo libertario de aquella larga contienda contra España. Tras la titánica tarea de intentar conformar un estado y una nación independientes, se escondía la inoperancia pragmática de los protagonistas. De allí la deferencia por medidas populistas y por la retórica nacionalista, más que por la constitución de una república verdaderamente efectiva en términos económicos y legales.

Allí donde se dijo “ideología de derechas”, más que nada nacionalismos y medidas populistas y populares. Pléyade donde se enmarcan los liberales pioneros como José Miguel Gómez, el intelectual antinorteamericano Alfredo Zayas y el propio Gerardo Machado en su primer mandato. Y donde podemos encontrar, incluso, a un conservador como el mayor general Mario García Menocal dirigiendo una revuelta revolucionaria a inicios de los 30. El grueso de la obra política e intelectual de esa época estaba regida más por el signo de un primitivo remedo de socialismo bananero y corrupto que por un amor lógico hacia el capital organizado. Pesaba más conceptualmente el esquema regionalista de la revolución mexicana que el pragmatismo sajón de la vecina Norteamérica.

Tras la derrota de Machado y el establecimiento de la pentarquía primero, y los auténticos después, una corriente aún más populista y letal, simiente de las futuras dictaduras, se anidaría en el espíritu civilista de la nación cubana. Salvando quizás el progresista gobierno de Federico Laredo Bru y la promulgación de la muy afortunada constitución del 40, la anarquía de gestiones como las de Grau y Prío sembraron la corrupción y el desaliento. Los auténticos, todos antiguos dirigentes de la revolución del 33 y hoy fácilmente clasificables como políticos de “izquierda”, propiciaron la llegada de un Batista (posteriormente satanizado en aras de justificar la instauración del castrismo) apoyado por gran parte de la comunidad internacional e incluso, por el Partido Socialista Popular primero, y luego de la férrea dictadura verde olivo, extremista seguidora del nacionalismo isleño de la post guerra.

¿Dónde la derecha reaccionaria?

¿Dónde la obra escrita y los conceptos?

La irrupción de Castro en la política cubana es continuista pero extrema, como señalaba antes, reveladora de una sociopatía colectiva profundamente involutiva y reaccionaria. Desafortunadamente no ha existido hasta ahora una contra posición realmente liberal de derecha que pueda desacreditar el legado del castrismo. Ejemplos escasos y modestos intentos. Y sin dudas, y extrapolando circunstancias, cualquiera hubiera sido la realidad imperante en la Cuba del ayer, éste Castro resurgiría blandiendo la filosa espada del antiimperialismo proletario para satisfacer su ego distorsionado. Con una “izquierda intelectual” detrás, de más está explicarlo.

 

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